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La gente. Es todo lo que hay. Ángel Riesgo

junio 15, 2017, Author: El Arte de Jubilarte

Me siento un privilegiado, hace diez meses, con 56 años dejé mi puesto de directivo de agencia de publicidad. Los americanos dicen step down, bajarse del escalón, pero para mí fue dar un paso al frente.

La vida ha vuelto a empezar para mí, en el momento adecuado. Nada parecido a jubilarme más que por la parte del júbilo. San Juan de la Cruz dijo al retirarse: “Ya no guardo ganado, ya no tengo otro oficio, que ya solo amar es mi beneficio”. No sé si es mucho decir, pero ese es mi objetivo: hacer muchas cosas que me gusten y que además sean útiles para alguien y ojalá para muchos.

Durante estos 34 años, siempre he sentido que era feliz, he creído que lo que hacía era importantísimo y siempre pensé que no había un oficio mejor. Estaba equivocado, hay una vida mejor y la estoy empezando a experimentar.

Hace 34 años me monté en un cohete. La decisión de subirme fue múltiple: mis estudios, mi familia, mi novia, mis amigos, mi ciudad, mi ambición, mi ego, mi inconsciencia… produjeron un cóctel que me subió en aquella máquina llamada “empresa” y en aquel convencimiento interno que me decía que “yo debía liderar, mandar, ser responsable de mi vida y de la de otros”. Quería ser el jefe. No digo que estuviera equivocado, pero no sé tampoco si era necesario tanto. El cohete fue acelerando y de ser un administrativo con estudios y buen inglés, me llevó a ser el dueño de mi propio negocio, a tener 50 empleados y más tarde a dirigir una empresa multinacional con 250 personas en plantilla en España. En ninguno de aquellos 12.500 días dejé de estar pendiente de la empresa, mi responsabilidad era hacer

funcionar el cohete y yo lo hacía, cada día de trabajo pero también en vacaciones, en domingo o cuando estaba en vela. Nunca dudé que eso era lo que debía hacer, lo que quería hacer y que lo que hacía era importante. Aprendí que era más útil hacer que te siguieran que empujar, liderar que gestionar. Ahora, más libre, puedo confesar que gestionar nunca me gustó; prefería innovar, motivar o inspirar.

Mis prioridades siempre fueron por este orden: hacer que mis clientes fueran felices (gracias, maestro Bendelac), hacer que mis empleados fueran mejores que yo (gracias, maestro Rosés) y ver las cosas de forma poliédrica (gracias, maestro Bringas). Luego aprendí resiliencia (del maestro Rull) y aprendía cada día pasión por la creatividad, la verdadera creatividad, de tantos maestros.

Hoy mi vida ha cambiado: sigo activo dando consejos, ideando nuevos negocios, ayudando a ideas sociales. Pero ya nunca más me planteo tener un jefe, ni pertenecer a una organización en la que no pueda hablar con el líder e influirle. Mi jefe son mis principios y las nuevas ideas que nacen; a ellos me debo, espero que para siempre.

Mirando hacia atrás, ¿en qué he sido más feliz y más útil en estos años activos?

Puedo resumirlo en cinco pequeñas grandes cosas.

1. Detectando cuando una idea es grande y empujándola para hacerla realidad.

2. Trabajando con gente con talento y sumando sus talentos al mío para aventurarnos en lo que pudiera parecer demasiado grande.

3. Cediendo. Sabiendo parar los caballos de mi ego cuando me equivoqué y pedir disculpas si fue necesario.

4. Alejándome de la gente tóxica que nos rodea, la estupidez que enunciaba Cipolla y que es más abundante de lo que todos podemos prever.

5. Siendo generoso. El dinero no es lo primero, sino que llega. Respetando el orden del sabio Keith Reinhardt: “people, product, profit”. La industria publicitaría se suicidó cuando alteró el orden: “profit, product, people”, o a veces “profit, profit, profit”.

Como la constitución de los Estados Unidos, todo comienza con “we, the people”. El trabajo del ejecutivo, del jubilado o del parado es el mismo, estar pendiente de la gente, porque es todo lo que hay, lo demás son instrumentos.

Ahora puedo decir, como Silvio Rodríguez, que: “Vivo en un país libre, cual solamente puede ser libre… y soy feliz porque soy gigante, amo a una mujer clara… Soy feliz, soy un hombre feliz y pido que me perdonen, en este día los muertos de mi felicidad.

Hoy puedo decir que la hiperactividad de la profesión lleva a la hiperfelicidad de la jubilación.

Ángel Riesgo

Mayo 2016

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